Star Wars: Una Nueva Amenaza

Aterrizando en Tatooine

¡¡Maldito seas Jet!! Se dijo así mismo mientras descendía junto al pelotón del teniente Rowan en un lambda shuttle, lamentando así la insubordinación que le había costado la degradación a sargento.

Y es que ese era él, Jet Gordon, un teniente del ejército imperial capaz de lo mejor y de lo peor al mismo tiempo, de brillante aprendiz de piloto de la Academia Imperial y posteriores ascensos en tiempo record, a permitir que escape una nave rebelde desobedeciendo así una orden directa de su máximo valedor y mentor. Y es que su vida estaba colmada de contradicciones.

Nacido en el Coruscand y de familia acomodada, pronto vio claro su futuro lejos de la industria metalúrgica que heredaría de su padrastro. Un camino fácil que se cierra para abrir otro bien difícil y distinto. Siempre tuvo un maltrecho deseo por conocer mundos, algo que lo empuja a “querer ser más” a costa del presente. Soñador. Y así, dejándose llevar por sus sensaciones más que por su raciocinio fue desheredado por su familia y acabó como voluntario en la Academia de pilotos imperial a sus escasos 12 años de edad. Rápidamente se convertiría en uno de los más prometedores pilotos demostrando unos extraordinarios e inusuales reflejos, y muchos oficiales pusieron sus ojos en él.

Pero allí estaba, acercándose a todo gas al desierto de Tatooine, un insignificante planeta del borde exterior que a nadie importaba, al lado del mezquino teniente Rowan buscando unos vulgares droides. ¿Este es lo que el futuro depara para él? ¿para eso renunció a su fortuna?

-Piloto, cambie de rumbo hacia la derecha y aterrice junto a aquel claro. Imperó volviéndose a dejarse llevar por esos mismos instintos que le hicieron llegar a esta situación. Rowan le clavó su acérrima mirada.

-Mantenga el rumbo piloto. Le contradijo su superior haciendo valer los galones de su uniforme. Aquí soy yo quien da las órdenes Gordon, no lo olvide, ha sido degradado y está ante mi pelotón. Espetó con una burlona sonrisa en sus labios.

- Con todos mis respetos teniente, no quería importunarle, pero creo que es más probable que encontremos restos de la nave rebelde en aquel claro. Explicó frente a la atenta mirada del resto del pelotón, los cuales quedaron asombrados al ver como el orgulloso teniente (el cual jamás cambiaba de opinión) asentía extrañamente con la cabeza reafirmando el argumento de Jet.

Una vez desplegados en tierra comenzaron a buscar en lo que presumiblemente eran los restos de la nave rebelde, alguna pista, algo que indicase por donde empezar. Era como buscar una aguja en un pajar. Jet se alejó de todos ellos para inspeccionar lo que podría ser los restos de una cápsula de escape semienterrada, y fortuitamente pisó algo metálico que llamó su atención. Lo extrajo de la cálida arena, y resultó ser una junta de un droide astromecánico algo chamuscada, ¡¡justo lo que necesitaba!! Y la dirección en la que se encontraba apuntaba claramente hacia las dunas de arena del horizonte. Comunicó su hallazgo a Rowan y éste dio su visto bueno para partir.

Más adelante los rastros estaban claros, uno de ello de forma humanoide y el otro apostaría a que era un de droide astromecánico por los tres surcos que dejaba en su camino.
Tras unas horas siguiendo ambos rastros el pelotón decidió dividirse para seguir los rastros que se dividían por alguna razón que escapa a su entender, formándose dos grupos que después confluyeron de nuevo justo en el momento en el que aparecía la marca inequívoca de un pesado medio de transporte. Sin duda habrían subido a algún tipo de transporte terrestre enorme.

Dieron alcance al pesado objeto, se trataba de un transporte de los jawas del desierto, pequeños hombrecillos que se cubren completamente el cuerpo con túnicas marrones para protegerse de los dos soles del planeta, bastante conocidos en el lugar por ser comerciantes chatarreros. Se encontraba en ese momento inmóvil delante de ellos. Tras golpear su puerta trasera, ésta bajo en forma de rampa y descendieron de ella unos impresionados jawas de brillantes ojos portando primitivas herramientas en sus cortos brazos. El teniente Rowan se dirigió con desprecio a ellos y sin demora golpeó al que a su corto entender podría ser el jefe, para luego levantarlo de mala manera y preguntarle sobre los droides perdidos. Tras una torpe comunicación con ellos ordenó que acabasen con los inocentes jawas y que disparasen al transporte para simular un asalto de bandidos tusken. Despreciable y gratuita maniobra de Rowan a la que Jet le faltó el valor suficiente para intervenir. Imbécil… esto lo pagarás tarde o temprano, pensó.

A escasos kilómetros de allí encontraron una granja de humedad, y a Gordon, al que aún le ardía la sangre por el crimen que acabada de presenciar, no quiso comprobar los delicados métodos de Rowan con los nuevos interrogados y convenció a éste para ser él quien entrase en primer lugar en la vivienda, y éste accedió a regañadientes. Entró junto con 4 soldados en una estancia sin techo, circular, la cual parecía preparada para cocinar con diferentes puertas a su alrededor. En una de ellas, de espaldas y ajena a ellos, se encontraba una mujer ensimismada en sus quehaceres, preparando lo que pudiera ser hongos de los vaporizadores.

- Discúlpenos señora, somos del ejército imperial y tan sólo venimos a hacerle unas preguntas. Jet quiso no intimidarla utilizando un tono suave y eligiendo cuidadosamente sus palabras, pero los enormes blásters y sus uniformes poco ayudaban a ello. La señora dejó caer la bandeja que llevaba en sus manos y comenzó a balbucear algo inteligible mientras retrasaba torpemente sus pies hasta apoyar su espalda en la pared tras ella. Sus enormes ojos y su mirada de izquierda a derecha mostraban señales inequívocas de auténtico terror. Jet se la acercó en solitario y trató de consolarla haciendo acopio de serenidad apoyando su discurso con una mano pasada en el hombro de ésta, pero ella con un movimiento rápido, la apartó para poner más distancia aún si cabe con su locutor.

- ¿Está usted sola en casa? Pensó que si encontrase a alguien menos aterrado quizás…
-Ssss… sí. Dijo con temblante voz. Mientras que uno de sus soldados se giró hacia su derecha para ver salir de un habitáculo lateral a un hombre que miraba la escena asombrado, rápidamente intuyó que se trataba de su marido y que ella mintió para protegerlo. Éste cruzó con inquietud la sala hasta colocarse al lado de ella ante la atenta mirada de todos, y le agarró la mano. Ambos tenían miedo, pero él de alguna forma trataba de aguantar la vibrante tensión que flotaba en el ambiente, seguramente sentía el miedo de ella y quería relajarla de esta forma. Inteligente estrategia.
- Mi hijo salió esta mañana a trabajar y aún no ha vuelto, está a una granja a unos kilómetros de aquí pero no creo que pueda ayudaros. Sin duda escuchó la pregunta anterior pensó Jet.
- ¿Sabe algo de unos droides?
- ¿Droides? Pues no…
- Debe decirme la dirección donde puedo encontrar a su hijo, debo hablar con él porque toda información recibida será necesaria. Interrogó Jet, el cual tenía la sensación de que la pareja sabía más de los droides de lo que hasta ahora había podido averiguar, tan sólo tenía que hacer las preguntas oportunas y abandonar ese lugar. En ese momento el peor de sus temores se hizo realidad, el teniente Rowan, impaciente, entró acompañado de varios soldados en la sala y preguntó a Jet sobre lo averiguado hasta el momento. Insatisfecho con él y ansioso por ganarse la aprobación de su capitán al culminar con éxito la misión apuntó al marido con su pistola y le preguntó bruscamente:

- Usted. Dígame ahora mismo qué sabe de dos droides, uno de protocolo y una unidad R2 si no quiere acabar mordiendo el polvo. Dicen que el miedo es bastante amigo de la sinceridad y él lo sabía, y así que el hombre efectivamente le indicó que ambos droides habían sido comprados el día anterior y que al despertar vieron que ambos habían huido. Rowan, ordenó acabar con ellos y Jet creyó que ese era el momento de hacerle pagar por lo ocurrido con los jawas. Acercó su mano a su bláster y, en ese momento algo le dijo que arrestar a Rowan no iba a ser una buena idea. Ese bastardo estaba ante SU pelotón, unos fieles cuarenta hombres, y ninguno de ellos aceptaría el arresto, tras lo cual acabarían sin piedad con su vida en el mismo momento de apuntarlo con su arma. Y así alejó su mano del bláster de la misma forma que esa pareja se alejó de la verticalidad.

Comments

¡Mucho mejor con ese título!

Que no decaiga el entusiasmo, que luego es muy agradecido hacer estas cosas. Buen trabajo!

Aterrizando en Tatooine
SergioAchinelli Javiswalker

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